lunes, 19 de septiembre de 2022

El Ahuizotl de Xochimilco

Nombre: El Ahuizotl de Xochimilco
Lugar: Xochimilco, Ciudad de México
Época: Prehispánica/Colonial/Presente
Género: Terror/Fantasía
Subgénero: Monstruos

La Leyenda del Ahuizotl de Xochimilco es una leyenda de base prehispánica que se mantuvo durante la época de la Colonia y fue nutrida en el presente por más elementos fantásticos. 

Versión Histórica

Del náhuatl atoyatl "río" y huitzli "espina", "El Espinoso del Río", el ahuizotl era una criatura fantástica al servicio del dios mexica de la lluvia Tláloc. 

Se le describía como una especie de perro con una mano humana en la cola. Habitaba en ríos y lagos. Era capaz de imitar el llanto de un niño, con lo cual atraía a sus víctimas al cuerpo de agua para después jalarlas con la cola y ahogarlas en las profundidades. Según algunos, las resguardaba en una cueva subacuática donde las devoraba y arrancaba ojos, uñas y dientes. 

Sus víctimas eran sacrificios en honor a Tláloc, quien en algunas versiones habría designado a la víctima para que su leal sirviente la cobrara. 

También se decía que podía causar remolinos pequeños con los que sacaba volando del agua a peces y ranas. 

Leyenda

Cuenta una leyenda que data desde tiempos prehispánicos que en el lago de Xochimilco habitaba desde uno hasta varios ahuizomeh (ahuizotl en plural) que se dedicaban a ahogar y devorar gente hasta que los habitantes de los alrededores comenzaron a dedicarles ofrendas. 

Los lugareños lograron un tipo de amistad con los ahuizomeh, lo cual les permitió moverse por las aguas a sus anchas, crear chinampas y hasta jugar con ellos. Se dice que también los ahuizomeh les concedieron el don de caminar en las aguas como si estas fueran un chapoteadero, sin importar la profundidad. Todo cuanto pedían a cambio era que al presentarse un ahuizotl, le dieran a este una ofrenda. 

Desde entonces, durante la Colonia y todavía hasta el siglo XX se han realizado diversas ofrendas, algunas en formas de escultura, para los ahuizomeh a los que según se dice cada vez se ven menos y cuando se aparecen, se les tiene terminantemente prohibido tomarles una foto. 

Una versión contemporánea de la leyenda narra que una mujer que quería ser princesa vivía en el  Castillo de Xochimilco y fue su enamorado quien trajo a un Ahuizotl para que resguardara su hogar. En esta versión se cree que el leal ahuizotl se pasea alrededor de la fortaleza aún vigilante, a pesar de que su protegida ya no se encuentre con vida. 

Origen

Algunos historiadores creen que el ahuizotl era un animal ahora extinto con semejanza a las nutrias, que podía ser encontrado en el Lago de Texcoco. Otros afirman que era solo el nombre con el cual los nahuas identificaban a las mismas nutrias. 

La criatura surgió para explicar los ahogamientos de personas en ríos y lagos. Probablemente también como una suerte de advertencia para que las personas en tiempos prehispánicos se anduvieran con cuidado al estar en cuerpos de agua. 

Puntualmente el Ahuizotl de Xochimilco explicaría los ahogamientos en dicho lago en específico y posteriormente la facilidad que tuvieron los lugareños para colonizar la región con chinampas. 

Legado

Aún hoy en día se realizan ofrendas a los ahuizomeh en Xochimilco. Destaca en 1930 una suerte de festival que se realizó con esculturas para honrar a los ahuizomeh, de la cual persiste un registro fotográfico que en 2022 fue restaurado y coloreado por la artista Antonieta Martínez y con asistencia de Inteligencia Artificial. 

Advertencia

Si te paseas por Xochimilco y escuchas el llanto de un niño, no debes seguirlo o podrías encontrarte con un Ahuizotl que podría jalarte a las profundidades, ahogarte y devorarte. Ahora bien, si haces caso omiso de la advertencia o si por casualidad te encuentras a un ahuizotl, deberás darle una ofrenda para que te permita el paso seguro por las aguas de Xochimilco. De no darle ofrenda, te devorará. 

Este intercambio de ofrenda-amistad con ahuizomeh solo se sabe que sea válido en Xochimilco y no en otros cuerpos de agua. 

Hoy en Día

Se siguen realizando ofrendas a los ahuizomeh aunque en menor escala.

viernes, 16 de septiembre de 2022

La Calle de Don Juan Manuel

Nombre: La Calle de Don Juan Manuel
Lugar: Ciudad de México
Época: Colonial
Género: Terror
Subgénero: Demonios/Asesinos Seriales

La Leyenda de la Calle de Don Juan Manuel es una leyenda colonial de terror de la Ciudad de México. 

Versión Histórica

Don Juan Manuel Solórzano nació en Burgos, España. Era un caballero de la clase alta. Llegó a la capital de la Nueva España en 1623 con la comitiva del Virrey López Díaz de Armendáriz, marqués de Cadereyta, de quien era amigo personal por lo que fue nombrado su "privado" y miembro de su Audiencia, a cargo de atender múltiples de sus oficios. Entre ellos Don Juan Manuel recibió en su casa en la Calle Nueva a doña Ana Porcel de Velasco, importante personaje de la élite de la época. 

En 1636, Juan Manuel contrajo matrimonio con Mariana de Laguna, una mujer caritativa quien solía obsequiar dinero a los pobres. Juan Manuel era un hombre muy celoso. No permitía a su esposa salir de casa ni recibir visitas salvo de su confesor. 

En 1640 Juan Manuel fue arrestado por el Alcalde del Crimen Francisco Vélez de Pereira quien anhelaba por Mariana de Laguna. Pereira prometió a Mariana concederle la libertad de su marido si yacía con él. Mariana cedió. Un prisionero informó a Juan Manuel de la infidelidad de su esposa con su captor. Un amigo pagó la fianza de Juan Manuel y este asesinó a Pereira y a su esposa mientras salían de su propia casa. 

Manuel volvió a ser arrestado y hubo fuerte presión para enviarlo a la horca. El Virrey intentó salvarlo. Sin embargo, una mañana de 1641 Don Juan Manuel fue encontrado colgado en la Plaza Mayor.

Leyenda

Cuenta la leyenda que Don Juan Manuel Solórzano quería tener un hijo pero su esposa no era capaz de concebir. Buscando una respuesta, se retiró al convento de San Francisco y trajo a su sobrino, Fernando de Aguilar, a atender sus negocios durante su ausencia. 

En el convento, celosos enemigos de Don Juan Manuel le notificaron que su esposa la estaba siendo infiel. Para averiguar la identidad del amante, Don Juan Manuel, según algunas versiones con ayuda de un hechicero, vendió su alma al Diablo. 

El demonio le encomendó salir a su calle en la noche y dar muerte al hombre que pasara por ella a las 11 de la noche. Juan Manuel así lo hizo. Toda la noche preguntó a cada hombre que pasaba: "¿A qué horas son?" y al primero que le respondió "Las 11 de la noche" Don Juan Manuel le contestó "Dichoso el que sabe la hora de su muerte". 

Tras cobrar su primera víctima, el demonio le hizo saber que había matado a un inocente y que debería volver la noche siguiente y hacer de nuevo lo mismo, y así una y otra vez hasta que diera con el amante. Don Juan Manuel obedeció y cada noche salía a su calle, preguntando la hora y matando a quien le respondiera que eran las 11. De esta forma, Don Juan Manuel cobró hasta 20 víctimas. 

Una mañana, tocaron a la puerta de Don Juan Manuel para informarle de la muerte de su sobrino. Don Juan Manuel descubrió que había sido él mismo quien lo había matado. Horrorizado por sus actos,  Juan Manuel se retiró a pedir el auxilio a un monje del convento de San Francisco. 

El monje le hizo saber que para salvar su alma debería acudir a la horca de la Plaza Mayor tres noches seguidas y rezar un rosario cada noche. A la segunda noche, alucinó con unos demonios cadavéricos encapuchados en procesión  con un ataúd cubierto de paños y galones de plata donde han encerrado su propio cadáver. Aterrado, Don Juan Manuel volvió al monje y suplicó que le diera la expiación. El monje insistió que continuara su penitencia. 

Don Juan Manuel regresó por tercera vez. A las once de la noche, a la campanada de la Catedral, según se dice, se escuchó un horrible grito y a la mañana siguiente fue encontrado colgado en la horca. Supuestamente fue colocado ahí por ángeles justicieros o por las ánimas vengativas de sus víctimas. 

Origen

Se cree que el origen de la leyenda devino tras la ejecución de Juan Manuel Solórzano en la Plaza Mayor a raíz del asesinato de Pereira y Mariana. Los pobladores de la ciudad que desconocían los detalles del encarcelamiento de Juan Manuel y habían escuchado de la infidelidad elaboraron la compleja historia involucrando el pacto con el Diablo para explicar cómo terminó en la horca y de paso para justificar una serie de asesinatos que habían ocurrido en la zona de la época. 

Legado

La propagación de la leyenda llevó a que durante la Colonia la gente temiera cruzar la calle donde estaba la casa de Don Juan Manuel por las noches, y temiera de encontrarse con alguien quien les preguntara la hora. 

Hoy en día se dice que Don Juan Manuel se aparece en su calle, la actual República de Uruguay en el Centro Histórico de la Ciudad de México, así como en su casa, la #90 de dicha calle. También hay quienes dicen que han visto a sus víctimas fantasmales hacer una procesión con su cadáver para colgarlo en la Plaza Mayor. 

Advertencia

Se dice que en la calle República de Uruguay en el Centro Histórico en la Ciudad de México, uno no debe andar a altas horas de la noche, pues si lo hace podría encontrarse con el ánima en pena de Don Juan Manuel, de barba negra y encapuchado, preguntándole la hora...

Hoy en Día

La casa de Juan Manuel Solórzano existe y puede ser encontrada en el #90 de la calle República de Uruguay en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Está conmemorada con una placa. 

Apariciones en Medios

La leyenda es representada en los cómics de Tradiciones y Leyendas de la Colonia #3. 

Datos Curiosos

Algunos consideran a Don Juan Manuel Solórzano el primer asesino serial de México. 

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